
I
Te encontré en un paisaje de tierra
desde entonces eres semilla
y ascua de mi sangre.
II
Regreso a los paseos en primavera
y voy llamando por tu nombre
a cada flor que tropiezo por el camino.
III
A veces te llamo Margarita,
sé que arquearías una ceja disgustado,
dirías: suena femíneo,
y que es tristísimo arrancar sus hojillas
sólo para saber si alguien mequierenomequiere.
Por eso, cuando encuentro un Rosal hermoso,
blanco, rosa, amarillo, rojo apasionado,
lo respiro y contengo su esencia
y descuelgo su aroma por mi cuello,
cierro los ojos (te huelo)
IV
Tú, como un canto en el camino,
de nuevo tú, siempre tú
y el jazz de tus labios, mi nostalgia.
V
Sábeme
bo
ca
s
ca
da
de rocío en el concierto de tus yemas.
De nuevo las flores laten acompasadas.
Y esos ojos que me vencen en su caída.
VI
¿Y por qué? Pregunto al Viento,
-cómplice de avivar mi fuego-
¿Por qué esta costumbre mía
de imponer tu nombre a las flores?
Y aletean con regocijo las ramas
y en su silbido...
te llaman.
VII
¿Te he dicho alguna vez
que me anudo en tus silencios?
Vives y estás en mi mundo
en mi mundo y aparte.
*







_-_Dawn_(1881).jpg)




