¡Oh, si pudiera desnudar al mar, lo haría mío!
Y todos dirían ¡qué locura!
yo les sonreiría y mi boca salpicaría olas.
Despierta Mayo azotando las arboladuras
donde tu voz amante abre mis sentidos.
“ Deja que el barro resbale entre tus dedos”
nadie debería morir de frío, ni de amor,
acércate, necesito sentir en mis hombros
de nuevo el atardecer,
no importa que no sea el más hermoso.
Tú, una vez más, tú,
capaz de colmar mis gándaras y florecerme de manzanos.
Siente cómo se estremecen los aromas
cuando la noche llega serena y clara;
sin embargo, tiemblo,
como lo hace el mar al verse inundado de estrellas.
Tú: toda luz aquietada en tu piel de amar.












