
La realidad me ha desterrado
de la siembra azul de tu cielo.
A la deriva la huella de mis labios agrietados
de no nombrarte.
Una estrella quise conquistar con un silbido de ramas
y un vendaval de cristales despoblaron mi baldía esperanza.
Te me asemejas a la nube que pretende la soledad de siempre,
-la mía-
Hoy se han acabado los atardeceres del alma.
*
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